Hola a todos... a pasado algo de tiempo desde la última vez que pude publicar, ahora regreso con algo más de tiempo con este reto que me pone el app writer unblocked que es escribir una historia de entre 1000 a 2500 palabras sobre un artista de libros infantiles que gana la lotería y la comparte con un domador de leones... veamos que sale.
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Las primeras hojas secas ya habían comenzado a caer de los árboles, me tuve que sujetar el sombrero y aplastarlo contra la cabeza para que no saliera volando por el viento que corrió súbitamente por el parque, algunas motitas de polvo y tierra quedaban pegadas en las lunillas de mis anteojos mientras trataba de pensar en una nueva idea para un libro que pudiese interesarle a la editorial.
Camine por aquel parque durante un buen tiempo soportando alguna repentina ráfaga de viento; debo haber visto la puerta de aquella tienda varias veces antes de que decidiese entrar ahí. No sabía exactamente por qué, pero, algo me atrajo esa última vez que la vi. Entre al resguardo del viento a aquella habitación iluminada por tubos fluorescentes, me sacudí un poco el polvo de la ropa y fui a la góndola de bebidas para tomar una botella de café con chocolate; me dirigí a la caja registradora a pagar mi compra, sin embargo, después de saludar al cajero atrajo mi atención un pequeño trozo de papel colorido - sinceramente nunca había creído en las loterías ni juegos de aquel tipo, para mi eran simplemente una estafa - algo me impulsó de una manera un tanto irracional a comprar un boleto.
Salí de la tienda sin tener todavía muy claro la razón de mi accionar, leí las fechas del boleto, después de todo si ya lo tenía al menos lo iba a aprovechar, la impresión ponía que esa lotería se iba a jugar en un par de horas; lo medité un momento y continué, decidí ver el sorteo en un restaurante que estaba a unas cuadras de ahí, entre tanto seguiría dando vueltas tratando de encontrar aquella idea que necesitaba.
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Ingresé en el local y me senté en la mesa más cercana al televisor, faltaban todavía unos 15 minutos antes de que dieran los resultados. Cuando vino el mesero hice mi pedido y le pedí que sintonicen los resultados de la lotería, me respondió muy cortésmente que hablaría con el encargado dado que no solía dejar que nadie cambie el canal en el que permanecía el televisor desde que lo encendían hasta que lo apagaban; me pareció un poco particular, pero, la gente suele tener tendencia a acumular muchas manías, yo era sin duda ejemplo de ello, como mi manía de imaginar figuras en las nubes; le agradecí al camarero y se retiró.
A los pocos minutos se me acercó un hombre que ya había empezado a perder su pelo cano, de contextura gruesa y con rostro no muy amigable, me preguntó - tratando de mantener un tono amable - si había sido yo quien había pedido cambiar el televisor, le respondí afirmativamente; sus ojos se fijaron en mi saco por un momento, parecía un poco perdido entre sus pensamientos y reflexiones. Parecía querer preguntar algo pero solo tomó la silla que estaba frente a mí y se sentó, sacó de un bolsillo un pequeño control negro y me lo dio.
Estaba algo confundido por lo que acababa de pasar, aunque de hecho este había sido un día muy extraño - por si no lo había notado -, tomé el boleto de lotería y me fije en que señal iban a dar los resultados, cambié la señal. De pronto me percaté de la mirada de incredulidad del hombre que tenía en frente.
- En serio - dijo - estas buscando los resultados de una lotería; sinceramente pensé que eras un poco más inteligente -
- Normalmente creería lo mismo - respondí - pero esta vez tuve un presentimiento, ¿nunca le ha pasado? -
Me miró con una cara poco expresiva y se cruzó de brazos recostándose en la silla.
Pasaron un par de minutos más, los que sin duda sentí algo incómodos; y ahí estaba aquel hombre vestido de traje junto a una maquina que daría a conocer el número ganador. Empecé a sudar un poco cuando se acercó a la máquina, el rostro de incredulidad de aquel hombre era cada vez mayor, aunque con una leve mueca semejante a una sonrisa que le había aparecido hacía pocos segundos.
Todo me pareció muy rápido desde ahí, haber corroborado los números uno a uno conforme los iba diciendo, comprobarlos otras cuatro veces con los que estaban en la pantalla y el salto que dí de mi silla cuando entre en conciencia de lo que acababa de pasar, y la cara entre sorpresa e incredulidad del hombre que seguía sentado frente a mí, mirándome en silencio.
- Ganaste - dijo de pronto con su voz seca y grave -
- Sí -
Tomó el control y se levantó de la mesa.
Lo miré darse la vuelta, solo por un segundo lo sentí, pero lo sentí, uno de esos momentos en los que uno siente que el universo lo llama a hacer algo.
- Disculpe - se volteó a mirarme - le gustaría tomarse una cerveza conmigo, quiero celebrar y ahorita no se me ocurre mejor persona que usted, además me gustaría agradecerle por permitirme ver los resultados -.
Con un rostro aun más incrédulo que al principio tomó asiento, empezamos a hablar des pues de que le pidiese dos cervezas al camarero; le conté que trabajaba en editoriales infantiles haciendo las ilustraciones para los libros, también lo que había sentido al respecto del boleto; me escucho con atención, aunque, sin ninguna reacción aparente, parecía sentirse algo cansado, tratando de no parecer inoportuno le pregunté por su historia, caí en cuenta que ni siquiera sabía su nombre.
- ¿Yo?. Yo soy solo un viejo tonto y algo desafortunado - me le quedé mirando un momento, a los segundos el me devolvió la mirada, aunque ahora se veía mucho más vulnerable que antes.
Empezó a relatarme con voz tranquila lo que había sido de él, desde que había salido de su pequeño pueblo a trabajar en el circo, cómo llegó a ser domador de leones y la lesión que sufrió, por la que ahora estaba trabajando en aquel lugar, que contra las apariencias estaba a punto de quebrar por las constantes disputas de los dueños; se sentí preocupado pues si la situación no cambiaba y el local cerraba, no se le haría fácil conseguir empleo en otro lugar, sin ninguna educación y con la poca experiencia que tenía.
Me quedé pensando un momento mientras veía desaparecer la estela de espuma de mi tarro de cerveza.
- ¿Te gustaría comprar este local? - le pregunté -
- Supongo que sí,- respondió algo distraído - he estado un buen tiempo aquí y sé como hacer que las cosas funcionen, además le tengo algo de cariño a este restaurante… Pero eso sería imposible no tengo forma de conseguir el dinero… - bajó la cabeza.-
- ¿Te gustaría recibir la mitad del premio de a lotería? -
- Pero que tonterías dices -
- Hablo en serio - traté de encontrar su rostro para que supiera que en verdad lo hacía - creo que el dinero estaría bien contigo -
- No - respondió - es tu dinero, tu te lo ganaste -
- Lo sé, pero me has caído bien y quiero compartir el premio -
- ¿Dónde esta la trampa? -
Me le quedé mirando por un momento.
- Habla - me dijo - ¿qué quieres a cambio? -
- Nada, bueno supongo que algunas cenas gratis si eso no te molesta demasiado, - le sonreí - solo para mí claro esta -
Me miró con mucha desconfianza, pero de pronto se echo a reír, me recordó mucho una vez que vi a un niño viendo las ilustraciones de uno de los libros más vendidos en los que trabajé.
- Supongo que no es mal trato - me respondió - le podría cambiar el nombre al local por "El domador", ya que todos me llaman así -
Lo miré por un momento y también eche a reír; después tomé un pedazo de papel y un lápiz que llevaba en el bolsillo, dibujé rápidamente un retrato de la reacción de alegría de "El domador" lo firmé y al reverso escribí el numero de mi oficina. Se lo dí y le indique que me llame en un par de días, luego me regresé a casa, estuve pensando largamente sobre lo curioso de mi día y decidí plantearla la idea de un restaurante llamado "El domador" y las aventuras de su dueño a mi editor.
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Algunos meses más tarde, bueno, hasta ahora voy a cenar de vez en cuando con aquel hombre al que cada vez le queda menos de su cabello cano y que ahora me invita una cerveza cada vez que nos vemos.
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Y bueno así quedó el primer esfuerzo, nada muy increíble, pero espero les haya gustado, después regresaré a los poemas.