jueves, 25 de febrero de 2016

Arbitrariedades Lisonjeras... (30)

El olvido toma mis palabras
y ellas se alejan rápidamente,
a la inmensidad del mar,
hacia el sol naciente

Y toman de mí momentos
para entenderse a ellas,
para abrazarse en el espacio
y teñirse de estrellas

Quimeras que me acechaban
y ahora dejan huellas
sobre costas de celulosa
a la que tiñen un mar de tinta

Y deja ver las huellas
que deja el tiempo,
la vida, las batallas,
los hechos, los sueños

Y translucen luces
que se afincaron en la memoria,
voces que llegaron con la brisa,
perdidas a prima facie

Perdidas, escondidas,
en algún rincón oscuro
de eso a lo que llaman
inconsciente, en mi otro yo

Y al final flota sobre mi aliento
verso tras verso,
con ansias de ver el mundo,
sin que este los note

Esto - un momento incrédulo -
para dejar llover ideas
tratando de no ser ofensivo
para las musas

Tratando de dejar un pedacito,
un testimonio de un momento,
del tiempo que vivo,
un comentario, un pensamiento

martes, 23 de febrero de 2016

Cantos a la Luna... (80)

             LXXXV

Necesito un punto,
el equilibrio de la noche,
mientras arrasa el tiempo
con cuanta certeza quede

Necesito encontrar
la luz que ilumina
las horas nocturnas
para no perderme en la oscuridad

Necesito el equilibrio
que me quitan las palabras
cuando miro tus ojos,
cuando tus ojos me miran

Necesito el tiempo
que no me deja el reloj
para la redención
de este momento

Este momento
en que todo queda mudo,
en el que demuda el mundo
en un solo verbo

Demuda la vida
el instante que dedico
tan solo a pensar
y lo dedica a los sueños

Sueños de encontrar,
aquellos que sentía perdido,
aquello que había desahuciado,
en lo que ya no creía

Las estrellas se desnudan
y el futuro parece incierto,
es trabajar con los ojos cerrados,
es conquistar esta cima

Necesito hallar equilibrio,
necesito hallarme,
en lo posible,
necesito un momento

Necesito tus ojos
para reflejarme en ellos
y ver un pequeño rastro,
de lo bueno que quedó

Necesito un punto,
el equilibrio de la noche,
mientras arrasa el tiempo
con cuanta certeza quede

domingo, 21 de febrero de 2016

Historias sin interés... (55)

Sus lagrimas apenas fueron notorias sobre el suelo arcilloso y la vegetación, su cabeza gacha parecía mezclarse con los arboles; estaba ahí, solamente observando con desesperación y angustia en su rostro mientras aquella bestia negra se tragaba todo a su paso por las aguas, la indiferencia del mundo le helaba la sangre mientras escuchaba algunas aves que pasaban por ahí y el constante sonido que producían las hojas al toparse con el pelaje de algún animal.

El eco de una risa y el fantasma de un perdón que pudo no haber existido, le cortaron los oídos; las promesas, el dinero burocrático del que nunca llegaría a ver ni una sombra le inflamaron a un más los ojos y le dilataron las pupilas, la ira de su pueblo, la tierra de sus ancestros le había sido arrebatada por la desidia y la negligencia. Ya no quedaba en quien creer, en su mente las imágenes de los arboles, los peces y las personas marcadas por aquella bestia que pasaba frente a sus ojos le acechaban y le destrozaban el corazón; pronto la falta de todo los ahorcaría hasta dejarlos tendidos en el suelo y no podía hacer nada. Nada. Él que lo único que hacia era vivir de la tierra sin pedirle nada a nadie, el hombre que durante tantos años había aprendido la sabiduría ancestral de su pueblo para convivir con la naturaleza que le rodeaba; ahora se veía abofeteado por el "progreso" del cual no formaba parte, del cual no había tenido la intención de formar, y del que tantas veces había sido excluido hasta de sus formas más básicas y universales. Y ahora esto.

El tiempo paso mientras seguía ahí, inmóvil, impotente, sin tener la menor idea de lo que podría llegar a suceder o si podría hacer algo para detenerlo; por un momento deseó poder regresar en el tiempo para poder evitar que todo aquello sucediera. La naturaleza acompañó su llanto con el propio, por la tierra que moría, por los animales que agonizaban en su propia vida, por la oscuridad que se tragaba la luz de aquel lugar sagrado.

Y la Amazonía lloró amargamente su situación, la luz del mundo se perturbo y la fe en el mundo se alejo de sus pensamientos por mucho.

jueves, 18 de febrero de 2016

Arbitrariedades Lisonjeras... (29)

El tiempo es algo curioso,
¿sabes?
cura los sueños heridos

Que nos dan fuerzas,
¿entiendes?
para continuar esta locura

La vida es una cosa curiosa,
a veces negra,
a veces color rosa

Pero siempre cambiante
como la luna,
como el cielo inconstante

A veces me encuentro,
a veces me pierdo,
a veces desespero
buscando tu camino

Buscándote en tu ausencia,
tratando de hallar la palabra
que rompa la excesiva calma

Tratando de provocar una reacción,
en ti , en mí,
en la tierra y en el cielo

Jugar las últimas notas que me quedan
para despertarme,
para despertar la nada

A veces me pierdo,
a veces me encuentras,
a veces me desespero
en tus ausencias

Musa

Poesía

O simplemente una arbitrariedad

martes, 16 de febrero de 2016

Cantos a la Luna... (79)

           LXXXIV

Te siento junto a mí,
a veces te siento en mí;
tan cercana a mí,
tan en común a mí

Te siento...
siento que estas muy cerca,
a pesar del abismo
que separa mi realidad de la tuya

Cuando cae la noche,
y brilla una ventana
con tu rostro gentil,
mientras retozan las estrellas

Cuando el murmullo
de las hojas y la tierra
traen a mi tu voz,
el recuerdo de tu risa

Quisiera aquietar mis sueños
en tu mirada,
desprender estos versos
de tu boca

Deshojar las tristezas
en los pasos perdidos
que han quedado atrás
en este camino

Siento ganas
de decirle tantas cosas a la luna
y convencerla
para que te de su luz por la eternidad

Tengo el sueño
de poder convertir mis palabras
en medios
para regalarte sonrisas

Tengo deseos
de construir puentes a tu mirada,
que mis oídos
naufraguen en tu risa

Hacerte saber
que existen veces en que:

Te siento junto a mí,
a veces te siento en mí;
tan cercana a mí,
tan en común a mí

jueves, 11 de febrero de 2016

Arbitrariedades Lisonjeras... (28)

Te escondes tras un disfraz
a veces luna,
sonrisa o lágrima,
en su mirada

Me sonríes tras un antifaz
hecho de hojas,
de Yggdrasil, caídas
y de horas perdidas

Momentos acaecidos
de cara al mar,
sentimientos experimentados
en tiempos de luna

El último segundo
de una curda de versos,
acontecimientos regalados
por ti, por la tribulación

El mundo que se deshoja
en palabras que no siempre entiendo
en la primera instancia del pensamiento
pero que me habrás de enseñar

Palabras que se deshojan frente a mí
y me regresan al centro,
me regresan a mí,
me devuelven a lo vivo

Te escondes tras un sauce
y me recuerdas los tiempos
de alegrías interminables
que un fin encontraron

Que se transformaron
en sonrisas que habitaran
en la eternidad de mis sueños,
en la inmensidad de la memoria

Te escondes tras mis sonrisas,
tras un fresno,
y en las nubes que anda,
y en las metáforas hechas río

Pero al final siempre me susurras
entre sueños, entre momentos
y terminas por crear,
en mi, estos versos

martes, 9 de febrero de 2016

Cantos a la Luna... (78)

             LXXXIII

El sentirte separado
en dos partes irreconciliables,
¿una decisión?
o más bien dejar que solo una parte hable

Sentirse torpemente
interrumpido por uno mismo,
inestable
sobre tus propio pensamiento

El sueño de la razón
y el amanecer del desasosiego,
la insensatez, el hastío
y la locura hecha deseo

La incapacidad de repetirse
y tener que seguir adelante
sin poder echarse a descansar
en la comodidad de la homogeneidad

¿Es esto una locura?
querer no repetir lo que ya funcionó
por buscar una mejor solución
a la misma problemática

Querer estar sentado
bajo la luz de la luna
intentando crear nuevas formas
de mirar y conquistar un corazón,
de arrancarle otra sonrisa a la vida,
de escribir otro verso

Sin querer ser otro
ni por un segundo,
queriendo ser uno mismo
¿Es esta la locura acaso?

El tiempo se hace lerdo
y mi pensamiento vaga
entre ideas indefinidas
y el accionar de mi cuerpo

Y otros conceptos me iluminan
como la luz de la luna
en la noche oscura
para hallar otras formas

Y la desconfianza,
como suele pasar,
abunda
y me hace temblar

De plasmar notas,
lineas, palabras
en una hoja
para dejarlas brillar

domingo, 7 de febrero de 2016

Historias sin interés... (54)

El telón cayo, los aplausos todavía se escuchaban con mucha intensidad; su rostro como el resto de su cuerpo estaban empapados en sudor, su alma empapada de lágrimas, sus ojos estaban enrojecidos y algo inflamados de tristezas; por fin puedo relajar todos sus músculos. El sonido de el exterior parecía desaparecer, pero no porque realmente estuviera sucediendo; sino, porque había dejado de ponerle atención. Camino hasta el camerino y se tambaleó en los últimos metros para llegar a la puerta; sentía que las piernas no le respondían, o si lo hacían, le exigían detenerse en aquel mismo lugar y dejarse caer de espaldas de manera que ya no tuvieran que soportarlo más.

Abrió la puerta del camerino de un empujón que casi lo lleva a caer e bruces, se sentía perdido, desorientado; por un momento sintió que el mundo le dio vueltas y su vista no dejaba de bacilar entre las paredes blancas, el abrigo que estaba colgado en una percha de pie, el espejo con bombillas y bajo este el retrato de aquella joven sonriente; que estaba condenada desde hacía ya tanto a tener esa expresión tan alegre, tan vivaz, puesto que ya no podría volver a poner otra expresión, o a tener una opinión distinta; se dejó caer sobre el sofá de tres cuerpos de cuero que estaba frente a la imagen. Dejó que su cuerpo se recuperase después de tanto tiempo en tensión; quería apartar la mirada, pero no podía dejar de mirarla, no podía dejar de anhelar ser absorbido por sus ojos.

Con lo poca fuerza y deseo que le quedaban, se levantó del sofá y busco en su abrigo la pequeña licorera de bolsillo que tenía ahí; dio un sorbo que, sintió, le quemó la garganta y con ella el grito ahogado que no lo dejaba respirar bien en ese momento, echo otro trago y bajo la mirada al suelo; no quería toparse con su mirada en ese estado, ni siquiera en una foto. Observo por un momento como pequeñas gotas de sudor le resbalaban de la cara y daban contra el suelo dejando pequeñas marcas; se irguió de nuevo sin mirar de nuevo en dirección al retrato, la sensación de sentirse derrotado una vez más fue demasiado grande.

Se limpió la boca con la mano, se miro un momento en el espejo de un solo movimiento veloz y preciso estrello la licorera contra el fondo de la papelera que tenía al lado; fue al baño y se mojo la cara, ya no quería tener porque sentirse del modo en que se había estado sintiendo, ya no quiso volver a ver aquella licorera nunca más; se cambió, tomó el marco con la foto que estaba bajo el espejo, lo giró en su mano y le retiró la foto, la dobló con cuidado y la puso en el bolsillo de su camisa, tomó el abrigo y el resto de sus cosas y salió de la habitación.

jueves, 4 de febrero de 2016

Arbitrariedades Lisonjeras... (27)

Mi confesión,
es una locura,
una simple curda,
un aplauso
que al final
le corre el telón,
en horas nocturnas,
a un corazón

Y estas palabras profundas
que terminan siendo
tan fugaces, tan absurdas,
un ocaso en el olvido

Y espero que su irrelevancia
no ofenda su ausencia,
esta condena que lastima
la sabiduría alcanzada

Y más que confesarme
es confirmarme en mis temores,
de primaveras sin flores
y de amaneceres sin soles

De quedarme sin estrellas
en el camino de la nada,
sin rosas de los vientos
que guíen el errante andar
de estos versos
para que arriben a los oídos
que son su destino,
y den paz a un corazón, su finalidad

Un alago que se echa a volar
tratando de sublevarse a los vientos,
aunque al final siempre pierda la partida

Estas palabras tan fugaces,
que se terminan albergando vagamente
en la oscuridad de la memoria

Que a veces tratan simplemente,
ingenuamente,
de desdibujar la linea de los sueños
y eso, a lo que llama realidad, la gente

Esa nostalgia por las rimas antiguas,
esa prosa divina,
y por esa musa ojos de papel,
por hablar con el viento,
y poder ofrecer
el corazón,
para no deshacernos en locura,
para que aquella musa nos sonría

martes, 2 de febrero de 2016

Cantos a la Luna... (77)

               LXXXII

Estoy perdido
en la inclemencia de un recuerdo
entre las puertas del cielo
y las del infierno

Estoy tratando
de cruzar las inmensas fronteras
de dos pensamientos
y unas horas de conversación vaga

La difusa barrera;
tan real, tan eterna,
que separa dos vidas,
dos mitades completas

Estoy rogando
a la luna y a sus estrellas
que no eche en falta sus palabras
en mis versos

Encontrarme
una mañana,
reconocerme
en la mirada

La noche se presenta fría
a mediados del verano,
y esa ausencia
me atormenta poco a poco

Estoy perdido
en esta luz, en este cielo,
en una jaula de oro
y sin ser encontrado

Sin liberarme
en esos ojos
que me miran
en el reflejo de un lago

Echo en falta
unos recuerdos
paginas faltantes de esta historia
de aquellos sueños

Me hace falta
aquella voz
que expresa mis creencias,
sonrisas y llantos

El tiempo en que mi pluma
hablaba desde el corazón,
tiempo para volver a tocar,
imprimir mis sensaciones en un piano

Estoy perdido
en la inclemencia de un recuerdo
entre las puertas del cielo
y las del infierno