domingo, 29 de marzo de 2015

Cantos a la luna... (44)

                L

En un rincón de sus ojos,
junto al destello de una sonrisa,
en donde acuna su alma a la luna

En sueños,
un día me encontré

Donde la brisa
de una quimera
aviva las velas
de la nave que lleva
esperanzas pasajeras
e ilusiones verdaderas
de encontrarme
un día en su vera

De ser un pequeño detalle,
de aquellos que se deja el tiempo
escondido entre las lineas
de una misiva perdida

De dibujar en su rostro
una sonrisa,
de dibujar en su brazo
una caricia

Un anhelo,
que, incierto,
aguarda a la fortuna
y al destino,
aguarda la hora,
el instante preciso

Para llegar hasta su mirada,
para presentarse humildemente
ante el corazón de aquella musa

Aquella que inevitablemente
desprende sonrisas de mi alma,
que desvela mis poemas
y llena de tinta folios incontables

Para desvanecerme,
aunque sea solo un instante,
entre el destello de sus ojos
en vida,
tal como lo imaginaron mis sueños

martes, 24 de marzo de 2015

Elogios a la muerte... (44)

                 XLIX

Una doble perspectiva,
la racionalidad
de el ilusorio contacto
que esboza la luz
sobre la superficie
de su piel
y el cálido estimulo
que desdibuja
la simple idea,
la sensación,
el hecho

Estar bajo el sol
¿vida?

La perspectiva
de lo que creamos
lo que imaginamos
¿vivimos?

El encanto
de respirar
y quedar atrapado
en el lineamiento
que se superpone
a la libertad

Las creencias prefabricadas
que nos abordan
en desiertos,
junglas,
promesas de senderos
en territorios no explorados

Pues no existe guía
¿quién ha regresado?
¿quién dejó el mapa?
de aquellos espacios
únicos, cambiantes,
distintos siempre
para quien los camine

Emocionantes, diversos,
pero el miedo
que se camufla
de escudero y consejero;
y alienta
al desaliento
que logró anidar
en nuestro pecho

domingo, 22 de marzo de 2015

Historias sin interés... (47)

Una pequeña gota le cayó en la mejilla, posteriormente sobre el resto del rostro dibujándole las perfiladas facciones que lucías desde ya hacía algunos años, gota a gota sus cabellos castaños se fueron humedeciendo y lo mismo ocurría con sus ropas desde la camiseta, pasando por los pantalones vaqueros, hasta llegar a los tenis que se humedecían cada vez más mientras se topaban con el agua que empezaba a acumularse sobre la acera. En las ventanas de los aparadores el agua empezaba a escurrir lentamente al igual que por los postes del alumbrado público, al igual que por su barbilla y su nariz.

En sus audífonos el cantante producía una linea melódica ciertamente melancólica, un tanto desgarradora, que quizá podría haber derretido el alma de quien la oyese; mientras, acorde tras acorde una guitarra eléctrica se abría paso hacia su mente y los versos lo inundaban, se acumulaban, desbordaban su alma y se acunaban en su pecho.

"Pero mi vida yo nunca podré olvidarte..."

Y los recuerdos de un pasado, que, quizá nunca existió realmente, empezaron a jugar con el momento - ¿Qué había pasado entonces? - fragmentos de imágenes y secuencias sin ilación empezaron a revolotear entre los pequeños espacios que encontraban en su mente. Pensamientos. Reflexiones. Cosas a las que no podía dar sentido. Mientras intermitentemente las luces de los automóviles iban tomando turno para darle contra el rostro haciéndole parpadear levemente.

Las pequeñas acumulaciones de agua en la acera se empezaban a hacer charcos, la gente por la vía buscaba con que cubrirse o ponerse a cubierto en algún cafetín que encontrase. En su interior una lucha se desataba, ponerse a cubierto, ¡no!, mejor aún dejar fluir, lanzarse a la mar, a la tormenta de sueños y recuerdos que arreciaba en el mundo de momentos que cada quien lleva dentro. ¿Lanzarse? o ¿cubrirse?, o aun entonces, siempre quedaba flotando a idea de negar todo, ¿negar qué´? exactamente, nunca logró responder esa duda.

La pasividad de aquel rostro nunca hubiese dado a nadie ni la más mínima idea de aquello que pasaba dentro de la mente de quien la mostraba, pero todos probablemente pasaban por lo mismo, un día o dos, quizá una semana o varias, quizá toda la vida; pero, alguien ¿alguna vez habría intentado afrontar la tormenta?; solo sabía que tenía que intentarlo o perderse en el intento, tenía que alzar velas y maniobrar entre los momentos que se arremolinaban en frente, tendría que vivir.

Dobló la esquina mientras sus pasos azotaban levemente los charcos con los que se iban encontrado y se interno en la oscuridad, en lo desconocido, en la tormenta de sueños y recuerdos que se le presentaba en aquel instante.

domingo, 15 de marzo de 2015

Historias sin interés... (46)

Dejo a un costado el libo que había sostenido sobre sus manos todo ese tiempo, mientras procuraba que ella no se diera cuenta de su mirada, que volaba entre palabras sueltas de diferentes páginas del libro y su rostro. En aquel momento se preguntaba si alguna vez se atrevería a hablarle, decirle más que un simple "hola" o un "nos vemos", si alguna vez se atrevería a expresar lo que sentía en vez de conversar de cosas que, aunque podrían ser importantes, para él perdían casi toda importancia cuando pensaba en lo que sentía por ella. Pero siempre ocurría lo mismo, al mirarla a los ojos; aquellos ojos verdes, tan hermosos, tan profundos; y luego recorrer levemente con la mirada su cabellera que formaba leves ondas hacia el final de cada mechón; toda ilación se perdía y todo recuerdo de la conversación se desvanecía.

Ojeo distraídamente su celular para averiguar la hora, ya casi había terminado ese momento que le permitía estar frente a ella mientras ella estudiaba, cosa que él pretendía hacer mientras la observaba jugar con su lápiz o con su cabello a la par que leía . Tomó su lápiz y escribió en un cuaderno, donde había garabateado algunos apuntes, bastante incoherentes a decir verdad; y escribió el número de página en el que se había quedado, aunque sabía que regresaría a leer exactamente todo lo que había pretendido leer durante todo ese tiempo.

Empezaron a ordenar sus cosas, guardó todo en la mochila; cuando se volteo para tomar el libro que estaba a la orilla de la mesa, este cayó y con gran estrépito se detuvo en el suelo sin abrirse. A un pequeño murmullo le siguió un silencio un poco más profundo que el que hubo en la biblioteca antes de que el libro cayese. El golpe y el silencio posterior lo regresaron a la realidad. Se apresuró a recoger el libro y mecánicamente ella también se agacho; sus miradas se cruzaron y ella le sonrió. Tomó el libro entre sus brazos y lo miro un instante. Se preguntaba si él sentía lo mismo que ella.

Por un momento el silencio se hizo algo un poco incomodo; los dos se levantaron él tomó el libro de sus brazos. Ella tomó el libro que yacía en la mesa en donde hasta hace algunos momentos había estado sentada medio leyendo el libro, y medio mirando a su compañero; preguntándose si él sentiría lo mismo que ella.

Los dos se acercaron al escritorio de la bibliotecaria, le entregaron los libros y se disculparon por dejar caer el libro. Caminaron hasta la acera y se des pidieron con un "nos vemos", pero esta vez algo en ello fue distinto, ya no era más un "simple" "nos vemos". Era algo más. 

viernes, 6 de marzo de 2015

Cantos a la luna... (43)

               XLIX

Tu recuerdo
quedó atrapado
en mi mesilla de noche
tendido
en espacios y versos

El tiempo atrapó
en el reflejo de mis ojos
la luz que desprende
una sonrisa en tu rostro

Y anclo a mi pecho
la dulce fantasía
de cruzar tan solo
una palabra

Un café,
en una terraza,
frente a un parque
o lo que prefieras

Una palabra,
una mirada,
un segundo,
pues ya no importa nada

O importa,
si es que acaso
en el suspiro de tus sueños
un reflejo
de mi alma
ahonda en ti un pensamiento

Una pequeña ilusión

Un agradable momento

En el que compartir
aquello que se acuna en nuestra alma
aquello que nace del ingenio
aquello que, único en el mundo,
deseábamos encontrar,
ya de algún tiempo

Y mientras tanto, involuntariamente,
tu imagen ronda mis sueños,
y mis versos se enternecen
con la dulzura de tu sonrisa,
aquella que quedó atrapada en mis ojos

martes, 3 de marzo de 2015

Elogios a la muerte... (43)

             XLVIII

Un pensamiento
inocuo,
triste,
sin sentido

Una balada
desabrida,
fría,
desaparecida

La niebla enmohecida
que se adhirió
a una vieja foto
que se resiste al paso de la vida

Y en el momento,
en el preciso instante,
en que te des cuenta,
no queda ni un suspiro

Pues el camino continua
aunque uno no lo quiera
siquiera pisar

Y el sentido
se esconde en un pasillo
entre la memoria,
el cansancio y el hastío

En un rincón perdido
junto al amor,
quedo reprimido
el deseo de estar vivo

Y se nos enseño el miedo
a aquella amiga
que nos regala
cada nuevo comienzo

Que nos regala
cada nuevo aliento

Que nos brinda
una meta o motivo

Y ¿por qué?
¿qué es realmente
lo que hay que temer?

domingo, 1 de marzo de 2015

Cantos a la luna... (42)

               XVLIII

Me quedó tan solo un suspiro
antes de internarme,
antes de quedar perdido
al cruzarme
con el brillo de sus ojos

Sin poder luchar
completamente desarmado
ante su mirada
sin palabra o pensamiento alguno

Tan libre,
tan desahuciado,
tan triste
y tan sagrado

El instante en que naufrago
en la mar de tus ojos,
el instante en el que me interno
en la fantasía de tus labios rojos

El pensamiento que me aborda
como un polizonte deseado
y en mi pecho se anida
y me envuelve en sueños

Quimeras que juegan
con volutas de ilusión
y caballos alados
a la luz de mi lamparilla

Y se atraviesan
entre la pureza de un folio
y la burda mancha
que marca en ellas verbo,
lineas, estrofas,
tontos cuentos, versos
de lo que puede y podría pasar

Y se labran castillos de cristal
sobre pompas de jabón,
como dijo alguna vez
el poeta del rock

Pero como poder decir
como poder pensar siquiera
en dejar todo eso de lado
cuando quedo preso de su mirada
cuando quedo vivo con su sonrisa