sábado, 11 de enero de 2014

Historias sin interes... (15)

Iba caminando, corriendo, incluso se podría decir volando; las lagrimas le recorrían el rostro, la desesperación, la desesperanza, la mala pasada que le jugaba el destino le hundía en rabia y fastidio, una sensación que le recorría hasta la última fibra de cada músculo, y que inclusive le calaba hasta la última célula de la médula ósea. Los edificios, las señales, los escaparates y hasta la propia gente los veía solo como borrones, manchones de tintes de colores, un simple remedo de la realidad que se movía  a su alrededor, nada importaba, solo podía sentir la impotencia de no lograr un objetivo; solo sentía como se le escapaban de las manos todas las posibilidades y las esperanzas, solo podía sentir como se bloqueaba cada idea que podía ocurrírsele, solo podía pensar en una sola idea fija, o mejor dicho una sensación fija el fastidio, el fastidio de que las posibilidades se vean truncadas por la corrupción y el incumplimiento, la irresponsabilidad de los funcionarios que no cumplían con sus labores ni sus horarios, y que con desparpajo y hasta emanando una cierta sensación de placer al decir esa maldita frase: "disculpe ya no le podemos atender, hubiera venido más temprano, aquí hacen cola desde las 5 de la mañana para esos tramites"; como si uno hubiese llegado fuera del horario de atención, habiendo llegado 3 horas antes de que se termine un horario que había sido recortado ya de por si y sin consideraciones 2 horas.

Así mientras recorría las calles y los rostros de las personas volteaban a mirarle iba pensado y viendo, como sus sueños se iban desmoronando, como por un estúpido papel y el desorden y la corrupción, no podría llegar a dar el primer paso de su largo camino, como la arbitrariedad destruía todo por lo que estaba trabajando. Llegó a la mesa de un pequeño cafe y allí dejo estallar toda la rabia que ardía en su interior, seco las lagrimas que le rodaban por el rostro y tomó el celular para sentir la dulce venganza de molestar a quien le había molestado, y utilizo una llamada y una pequeño golpe de vara, una influencia. Y utilizó la misma arma que habían usado en su contra, porque solo así se movían las cosas y volvió a ver el rostro de quien se había mofado y como este iba tornando su expresión, hasta que sintió un placer infinito.




Pequeña historia basada en hechos reales... gente que atiende al público en las diversas instituciones... por favor no sea tan hija de su madre... y por supuesto a los que no lo son muchas gracias por no serlo y ojalá si solo contrataran gente como ustedes...

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