domingo, 24 de enero de 2016

Historias sin interés... (51)

De pronto todo dejó de importar, no le importó haber perdido la billetera, ni que el perro del vecino le haya destrozado los pantalones el día anterior; todo iba perdiendo importancia en su mente, de alguna forma eso le daba la tranquilidad que había estado buscando ya por algún tiempo.

Solo veía como las hojas muertas, caídas en la acera, eran llevadas por el viento en direcciones aun desconocidas; por un momento pensó que exactamente eso pasaría de ahora en más, que se dejaría llevar por el viento a donde este crea más conveniente, a fin de llevarse de él todo cuanto le había molestado o irritado en los últimos años. Todo se iba tornando más oscuro con cada momento que pasaba. El recuerdo de haber llorado amargamente por haber perdido su empleo hacia algunos meses atrás, y con el a su novia, le llegó como un relámpago y, junto con él, el recuerdo de la vez en que fue inculpado en el colegio por haber robado las respuestas de un examen, así como, la vez en que sus padres pasaron su cumpleaños en el hospital; la amargura de todos esos momentos pareció desvanecerse, en su lugar solo recordaba que de alguna manera todo ello había terminado de una manera bastante buena.

Se percató de un hoja que en ese momento se dirigía al suelo, caía de un sauce "llorón". Le pareció completamente maravillosa la forma en que aquella pequeña hoja iba bailando y dando vueltas en su camino hacia la fría acera. La luz casi se había extinguido.

Sintió que la piel de todo el cuero se le encogía mientras daba de lado contra la calzada y el sonido ensordecer de una bocina desesperada trataba de dar, lo que pudo haber sido un anuncio oportuno, si tan solo él no hubiese estado encerrado en sus propios pensamientos, que, se iban volviendo ahora cada vez más etéreos; mientras, la sensación de un liquido tibio que se enfriaba aceleradamente al contacto con el ambiente le manaba de la cabeza, del lado que estaba contra la calzada.

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