Ahí estaba ella como siempre; mirándome, preparada para volverme a decir: "Te lo dije"; como cada vez que me equivocaba, pero la verdad es que siempre era cierto, ella "me lo dijo". Ante sus ojos nada podía esconder, simplemente no tenía corazón para decir ni una palabra que no fuese la más pura y destilada de las verdades. Aunque muchas veces la única verdad que necesitábamos saber los dos era que así como ella a mí y o la amaba a ella.
Después de todo, como no amarla si había estado en cada momento importante en mi vida y mientras el tiempo se lo permitiese seguiría estando allí para mí incondicionalmente; enseñándome, velándome, dejándome crecer y ser libre, aunque a veces eso le doliera terriblemente. Pero en el fondo de su corazón ella sabía que no solo era su hijo, si no también hijo de la vida; aun así ella jamás dudaría ni por un segundo en dar hasta su vida por mí, ni yo en dar la mía por ella.
Pero que más se puede esperar de un madre. Que aunque no salga de sus labios siempre esta ahí presente en cada mirada, en cada palabra, en cada grito que de su boca brotaba procasmente. Te Amo.
Y ahí estaba ella como siempre, y yo con la cabeza gacha; sabiendo que entre todos los gritos, sermones e improperios, que podía recibir en ese momento que coléricamente, por mi actitud, mi madre pronunciara sería solo otra forma de decir "Te Amo". Más luego de cada tormenta viene la calma, porqué la tierra también es madre y como madre también se enfada. Y al final ella solo me pregunta: ¿Quieres comer algo? o ¿Quiere un té?. Descuida al final todo se solucionara. Esto también pasará.
Después de todo, como no amarla si había estado en cada momento importante en mi vida y mientras el tiempo se lo permitiese seguiría estando allí para mí incondicionalmente; enseñándome, velándome, dejándome crecer y ser libre, aunque a veces eso le doliera terriblemente. Pero en el fondo de su corazón ella sabía que no solo era su hijo, si no también hijo de la vida; aun así ella jamás dudaría ni por un segundo en dar hasta su vida por mí, ni yo en dar la mía por ella.
Pero que más se puede esperar de un madre. Que aunque no salga de sus labios siempre esta ahí presente en cada mirada, en cada palabra, en cada grito que de su boca brotaba procasmente. Te Amo.
Y ahí estaba ella como siempre, y yo con la cabeza gacha; sabiendo que entre todos los gritos, sermones e improperios, que podía recibir en ese momento que coléricamente, por mi actitud, mi madre pronunciara sería solo otra forma de decir "Te Amo". Más luego de cada tormenta viene la calma, porqué la tierra también es madre y como madre también se enfada. Y al final ella solo me pregunta: ¿Quieres comer algo? o ¿Quiere un té?. Descuida al final todo se solucionara. Esto también pasará.
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