viernes, 29 de agosto de 2014

Historias sin interés... (36) (continuación de la Nº35)

Historias sin interés...(35):
http://artistaquieroser.blogspot.com/2014/08/historias-sin-interes-35.html

            ****         ****      *****       *****      ****       *****       *****    ****       ****    ****

La luz solar atravesó sus párpados y le anunció la llegada de un nuevo día de, como el solía llamarlo, "ocupación sin preocupación"; aunque en ocasiones si lo perturbase la idea, y no solo la idea sino también el hecho, de tener vacío el estomago o de tener la boca completamente seca y sin una sola gota de agua, pura, con la cual saciar la sed que podía llegar a causar el desierto que es una ciudad.

Abrió los ojos y miro a su lado donde aun seguía dormido, y completamente acurrucado, su fiel compañero de aventuras. Se levantó y tratando de no despertarlo camino hacia las escaleras, medio derruidas, de la casa y subió lo más en silencio y cuidadosamente que pudo para evitar romper ningún escalón, puesto que algunas tablas parecía se irían a romper si una paloma se les posaba encima; llegó al segundo piso, que estaba a medio desmantelar, aunque aún así se podía vislumbrar que antaño el lujo había poblado esta estructura. Se dirigió a lo que parecía haber sido la habitación principal, tenía el marco de una ventana, aunque ya sin vidrio, enorme, desde ahí dio un pequeño silbido y saco algunos pedacitos de pan que tenía en el bolsillo de los vaqueros rotos, que con el paso del tiempo se habían convertido en bermudas; a su llamado respondieron tres pequeñas avecillas de colores a quienes dio el pequeño bocadillo que les pudo ofrecer, como lo hacía cada mañana desde que las había descubierto en la habitación, en la que el estaba ahora parado, sin madre y sin un nido, una de ellas se había lastimado una ala, como pudo se las arreglo para ayudarlas en esa ocasión.

Recordaba perfectamente todo el cuidado que había tenido con esa avecilla tratando primero de darle confianza, y segundo de limpiar la pequeña herida que tenía; también recordó todas las mañanas que había pasado desde la salida del sol al alba, hasta que el hambre le indicaba que era hora de buscar algo de comer, tratando de darle confianza para que, una vez sana, se animara a aletear y tratar de volar. Alguna que otra vez aquellas pequeñas avecillas, pareciese en agradecimiento, le sorprendían trayéndole algunas frutas silvestres de las inmediaciones; en su relación con los animales y la naturaleza, el encontraba una paz que no tenía precio y que nunca hubiese cambiado por todo el oro el mundo, y de cuando en cuando esta interacción también le traía alguna ayuda extra para vivir.

Una vez que sus pequeñas amiguitas hubiesen terminado su pequeño "desayuno" y de que se aseguro de que todas estaban bien, dio un último vistazo por aquella ventana con vista a un pequeño bosque que   señalaba los limites de la ciudad con la naturaleza que desde hacía siglos había gobernado la zona, o que por lo menos lo había hecho en algún tiempo, giro sobre su lugar y con mucho cuidado descendió por las escaleras.

Al finalizar la escalera se encontro con su fiel amigo y compañero de aventuras, que ya estaba saltando y persiguiéndose la cola, dando algunos tumbos por aquí y por allá. Le acarició la cabeza y le rascó la barbilla, después recogió todo lo dispuesto la noche anterior para pernoctar, lo empacó con cuidado y lo preparó para otro día de "ocupaciones sin preocupaciones".


Continuará quizá...

No hay comentarios:

Publicar un comentario