Primera parte: http://artistaquieroser.blogspot.com/2014/10/historias-sin-interes-41.html
Estaba completamente bañado en sudor, el dolor en su pecho no se iba, salió de la bolsa de dormir y tanteó el suelo de la carpa para encontrar sus pantalones, no conseguía dar con ellos; trató de abrir la carpa para ir por agua pero justo en el momento en que logró tomar la cremallera sintió un dolo muy fuerte en la mano derecha, que aun seguía sosteniendo el relicario, la abrió y dejo caer su contenido; el relicario brillaba fuertemente, lo suficiente para iluminar su mano y que pudiese ver que le había dejado una quemadura en la palma que le ardía.
Volvió a tratar de abrir la cremallera de la carpa, pero en el momento en que tomó el extremo sintió un dolor muy profundo en la parte posterior de la cabeza; trato de pararse pero se desmayó sobre la bolsa de dormir.
A la mañana siguiente se sintió completamente desorientado, vio el relicario en su mano y entonces recordó el sueño y las marcas que tenía en el pecho y la mano, trató de encontrarlas pero ya no estaban; todo habría sido un sueño. Examinó el relicario, no había cambiado en nada, aparentemente, revisó la parte posterior, tenía aquellas letras que había sentido la noche anterior, pero, no podía descifrar de que lenguaje se trataba, no se parecía en nada a ninguno que el recordara haber visto antes, sin embargo, de algún modo, le parecía familiar. Intentó abrirlo pero tampoco pudo esta vez, no parecía tener ningún seguro; se vistió rápido, cuando escuchó que uno de sus amigos lo llamaba, guardó con cautela el relicario en el bolsillo y salió.
Cuando terminó de cerrar la entrada de la carpa se dio con la sorpresa de que Benjamín estaba terminando de levantar su tienda y Salvador estaba colocando en una taza algo de agua que acababa de hervir en una pequeña fogata que había preparado; pero no veía a "Cicatriz", por algún motivo este hecho lo inquieto mucho, en especial cuando alcanzó a ver la expresión que se dibujaba en el rostro de Salvador.
- ¿Ocurre algo? - dijo, deseando que la respuesta fuese no.
- Cicatriz tiene algo, no se que es, pero no se ve nada bien. - respondió Salvador.
- ¡¿Qué?! - dijo con una especie de fuerza inapropiada, como si en el fondo se sintiera responsable - ¿qué le pasa? -
Salvador lo miro un instante algo desconcertado - No lo sé, tiene la mirada perdida, y le ha aparecido una marca en el pecho, además todo el cuerpo le tiembla sin control y no puede articular palabra; es como si estuviese en alguna forma de transe o algo. Es muy extraño; hay que llevarlo de inmediato de vuelta a la ciudad y a algún hospital. -
Santiago asintió, pero no podía dejar de tener un sentimiento extraño muy en el fondo.
- Ya termine de levantar mi tienda y la tuya, Salvador - dijo Benjamín - ¿cómo sigue Cicatriz? -
- Igual - respondió Salvador -
- Es muy extraño - dijo Benjamin con un tono en la voz algo raro - ¿quieres que también te ayude con tu tienda Santiago?
- No - respondió - No te preocupes ahora mismo la levanto -
Se volvió e inmediatamente guardó todas sus cosas y desarmó la tienda. Asegurándose de guardar el relicario entre todas las demás cosas en su mochila para que nadie lo viera.
Cerró la mochila y fue, muy en contra de su deseo a ver a Cicatriz; yacía sobre su bolsa de dormir, temblaba todo de la cabeza a los pies, tenía los ojos abierto y fijos en un punto, era una imagen que no era para nada agradable.
Terminaron de cargar las cosas y luego se dispusieron a llevar a Cicatriz hacia el auto; cuando lo levantaron, de pronto la mirada de Cicatriz se empezó a mover erráticamente entre los rostros de sus tres amigos pero tendía sin duda a quedarse más tiempo mirando, sin poder cambiar el resto de su cuerpo ni la expresión extraña que dominaba su rostro, a Santiago. Santiago sentía miedo cada vez que descubría que la mirada de Cicatriz estaba sobre él; y esa sensación no mejoro para nada cuando al apoyarlo sobre el asiento del auto, de pronto, Santiago distinguió en el pecho de Cicatriz la misma marca que había descansado sobre su propio pecho la noche anterior; y realmente empeoro cuando vio la misma marca en la mano derecha de su amigo.
Algo muy extraño estaba pasando, pero una especie de fuerza muy grande en su interior hacía que el sintiese la necesidad de averiguar, solo, todo lo que pudiese sobre aquello y sobre el relicario que había encontrado la noche anterior.
Llegaron al hospital, los médicos estaban completamente desconcertados y les hacían mil preguntas para tratar de descifrar que era lo que le había pasado; le sacaron una muestra de sangre a los tres para verificar drogas o algún patógeno y dejaron a Cicatriz en observación.
Esa noche cuando llegó a su casa Santiago dejó la mochila a un lado sin desempacar nada. Se desvistió y se tiró a dormir, sin decir mucho a nadie en su familia; de nuevo volvió a soñar con la niña. A la mañana siguiente el relicario apareció entre los dedos de su mano derecha. El temor lo tomó preso.
Continuara...
Estaba completamente bañado en sudor, el dolor en su pecho no se iba, salió de la bolsa de dormir y tanteó el suelo de la carpa para encontrar sus pantalones, no conseguía dar con ellos; trató de abrir la carpa para ir por agua pero justo en el momento en que logró tomar la cremallera sintió un dolo muy fuerte en la mano derecha, que aun seguía sosteniendo el relicario, la abrió y dejo caer su contenido; el relicario brillaba fuertemente, lo suficiente para iluminar su mano y que pudiese ver que le había dejado una quemadura en la palma que le ardía.
Volvió a tratar de abrir la cremallera de la carpa, pero en el momento en que tomó el extremo sintió un dolor muy profundo en la parte posterior de la cabeza; trato de pararse pero se desmayó sobre la bolsa de dormir.
A la mañana siguiente se sintió completamente desorientado, vio el relicario en su mano y entonces recordó el sueño y las marcas que tenía en el pecho y la mano, trató de encontrarlas pero ya no estaban; todo habría sido un sueño. Examinó el relicario, no había cambiado en nada, aparentemente, revisó la parte posterior, tenía aquellas letras que había sentido la noche anterior, pero, no podía descifrar de que lenguaje se trataba, no se parecía en nada a ninguno que el recordara haber visto antes, sin embargo, de algún modo, le parecía familiar. Intentó abrirlo pero tampoco pudo esta vez, no parecía tener ningún seguro; se vistió rápido, cuando escuchó que uno de sus amigos lo llamaba, guardó con cautela el relicario en el bolsillo y salió.
Cuando terminó de cerrar la entrada de la carpa se dio con la sorpresa de que Benjamín estaba terminando de levantar su tienda y Salvador estaba colocando en una taza algo de agua que acababa de hervir en una pequeña fogata que había preparado; pero no veía a "Cicatriz", por algún motivo este hecho lo inquieto mucho, en especial cuando alcanzó a ver la expresión que se dibujaba en el rostro de Salvador.
- ¿Ocurre algo? - dijo, deseando que la respuesta fuese no.
- Cicatriz tiene algo, no se que es, pero no se ve nada bien. - respondió Salvador.
- ¡¿Qué?! - dijo con una especie de fuerza inapropiada, como si en el fondo se sintiera responsable - ¿qué le pasa? -
Salvador lo miro un instante algo desconcertado - No lo sé, tiene la mirada perdida, y le ha aparecido una marca en el pecho, además todo el cuerpo le tiembla sin control y no puede articular palabra; es como si estuviese en alguna forma de transe o algo. Es muy extraño; hay que llevarlo de inmediato de vuelta a la ciudad y a algún hospital. -
Santiago asintió, pero no podía dejar de tener un sentimiento extraño muy en el fondo.
- Ya termine de levantar mi tienda y la tuya, Salvador - dijo Benjamín - ¿cómo sigue Cicatriz? -
- Igual - respondió Salvador -
- Es muy extraño - dijo Benjamin con un tono en la voz algo raro - ¿quieres que también te ayude con tu tienda Santiago?
- No - respondió - No te preocupes ahora mismo la levanto -
Se volvió e inmediatamente guardó todas sus cosas y desarmó la tienda. Asegurándose de guardar el relicario entre todas las demás cosas en su mochila para que nadie lo viera.
Cerró la mochila y fue, muy en contra de su deseo a ver a Cicatriz; yacía sobre su bolsa de dormir, temblaba todo de la cabeza a los pies, tenía los ojos abierto y fijos en un punto, era una imagen que no era para nada agradable.
Terminaron de cargar las cosas y luego se dispusieron a llevar a Cicatriz hacia el auto; cuando lo levantaron, de pronto la mirada de Cicatriz se empezó a mover erráticamente entre los rostros de sus tres amigos pero tendía sin duda a quedarse más tiempo mirando, sin poder cambiar el resto de su cuerpo ni la expresión extraña que dominaba su rostro, a Santiago. Santiago sentía miedo cada vez que descubría que la mirada de Cicatriz estaba sobre él; y esa sensación no mejoro para nada cuando al apoyarlo sobre el asiento del auto, de pronto, Santiago distinguió en el pecho de Cicatriz la misma marca que había descansado sobre su propio pecho la noche anterior; y realmente empeoro cuando vio la misma marca en la mano derecha de su amigo.
Algo muy extraño estaba pasando, pero una especie de fuerza muy grande en su interior hacía que el sintiese la necesidad de averiguar, solo, todo lo que pudiese sobre aquello y sobre el relicario que había encontrado la noche anterior.
Llegaron al hospital, los médicos estaban completamente desconcertados y les hacían mil preguntas para tratar de descifrar que era lo que le había pasado; le sacaron una muestra de sangre a los tres para verificar drogas o algún patógeno y dejaron a Cicatriz en observación.
Esa noche cuando llegó a su casa Santiago dejó la mochila a un lado sin desempacar nada. Se desvistió y se tiró a dormir, sin decir mucho a nadie en su familia; de nuevo volvió a soñar con la niña. A la mañana siguiente el relicario apareció entre los dedos de su mano derecha. El temor lo tomó preso.
Continuara...
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