sábado, 15 de noviembre de 2014

Historias si interes... (45)... Continuación... (44)

Sección previa: http://artistaquieroser.blogspot.com/2014/11/historias-sin-interes-44-continuacion-43.html

La sensación de que quedaría ciego no hizo mella en su decisión de seguir observando aquella luz, aunque sentía como si estuviese viendo directamente al sol; otra vez sombras aparecieron y formaron objetos y figuras humanas, la luz se volvía a teñir en tonos rojizos y las sombras seguían cambiando; de pronto la oscuridad invadió la habitación y Santiago se encontró en una especie de caverna iluminada tenuemente por velas.

La misma mujer que hacía unos instantes había visto huir del bosque estaba ahí parada, junto a un anciano que llevaba una capa; la mujer lucía como si acabase de correr una maratón, todavía jadeaba, sus ropas estaban rasgadas y llevaba aun a la bebé en brazos.

- Puede hacer algo - dijo la mujer.

- No estoy muy seguro, la ceremonia fue interrumpida y además no tengo el relicario... - reflexionó el anciano - ... no se si pueda hacer algo... el relicario que perdiste era un talismán, muy poderoso, solo un objeto así podría contener la energía del demonio que trajo tu hija al rebasar la frontera de la vida y la muerte durante su concepción y cuando llegó a este mundo durante el parto... bueno... no se que tanto más fuerte pudo haberse fortalecido... lo han logrado reconocer -

La mujer le entregó un pedazo de pergamino que guardaba entre sus vestiduras; el anciano lo extendió y leyó, su tez empalideció aun más de lo habitual y se dejo caer sobre una silla.

- Por todos los dioses - dijo horrorizado - si es eso cierto, ya no hay tiempo, tengo que iniciar la ceremonia en este mismo instante. Haré lo mejor que pueda para salvarla, pero debo advertirte que las fuerzas que comparten su espacio espiritual y podrían esconderse dentro de ella incluso si logro arrebatarle parte de su energía y confinarla al relicario; trataré de llevarlas hacia él aunque no lo tenga físicamente, todavía, puede sernos de utilidad; pero tampoco puedo asegurarte que ella sobreviva -

La madre miró a la bebé y dejo escapar una lagrima, después miro al anciano que la miraba con una expresión de preocupación y asintió con la cabeza.

El anciano tomó a la niña entre brazos y la coloco sobre una manta; después tomó un poco de un polvo negro que tenía en un frasco y lo colocó en un cuenco pequeño, llamó a la madre a su lado le tomó la mano y luego sacó un pequeño cuchillo y le hizo una pequeña incisión en el dedo anular a la madre, derramo unas gotas de su sangre sobre el polvo, tomó una vela de color mas oscuro de lo normal y derramó su cera también en el cuenco después aplastó unas bayas con la manó, finalmente volcó algo de agua de una copa mezcló todo con los dedos y luego le hizo unas marcas a la bebé en la frente. Aunque Santiago no podía ver que era lo que el anciano escribía en la frente de la niña estaba seguro de saber que símbolos eran.

Después el anciano tomo un pequeño cuenco de piedra y en el coloco unas hojas previamente humedecidas en agua, luego las acercó a una vela y las encendió; en cuanto empezó a elevarse un humo muy ligero el anciano empezó a pasar el cuenco por encima de la niña dejando que el ligero humo subiese y fuese inundando todo el lugar. Mientras lo hacía repetía unas oraciones.

Las velas del recinto se apagaron y el humo que provenía de las hojas de pronto comenzó a caer en vez de elevarse, la madre se hecho para atrás y horribles gritos se empezaron a escuchar por todos lados en la cueva; el anciano continuó sin detenerse, sin dejar de pronunciar aquellos mantras dejó las hojas a un lado y llevó a la niña hasta un fuente de agua que corría naturalmente por el suelo de la cueva, sumergió a la niña en el agua y de pronto las velas se volvieron a encender.

Miles de imágenes empezaron a dar vueltas frente a los ojos de Santiago, frente a él apareció fugazmente la imagen del relicario que yacía sobre el suelo del bosque y vio como se levantaba del suelo y empezaba a brillar, como los ojos rojos del caballo brillaban y como los símbolos que había sido escritos en la frente de la niña, aquellos que el había creído inventar de niño, se marcaban en el relicario y se encendían como el fuego.

Y voces llegaron hasta sus oídos.

- Hice lo que pude, esperemos lo mejor - era la voz de un anciano.

- Hija pórtate bien - la voz de una mujer - Tienes que tratar de controlarlo. No podía hacer nada más. Lo siento.

- ¡Mami! - la voz de una niña - No quiero hacerle daño. Basta, por favor. Ayuda.

Ante el la imagen de aquella mujer toda cubierta de sangre, apareció, la niña que había visto en sus sueños la sostenía entre sus brazos. Los ojos de la niña se clavaron en él pero era como si no fuera ella. Una sonrisa terrible se dibujo en aquel rostro infantil, la niña estaba cubierta de sangre, sonreía al ver a aquella mujer que había sido su madre colgada de una viga, pero era como si su expresión no fuera el de ella misma.

- Ayuda. - otra vez la voz de la niña - Yo no quería. Él me obliga. Él me obligo. Me siento aterrada. De mi. De él.

- Por orden de este tribunal sagrado - un hombre - condenamos a la niña conocida como Sirona Rhiannon Creight a la pena de muerte por brujería.

- Ayuda -

Todo acabó súbitamente, todo desapareció y su cuarto quedó como si nada hubiese sucedido; se sentía completamente perdido. ¿Qué debía hacer?. ¿Debía hacer algo?.


Continuara...

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