viernes, 7 de noviembre de 2014

Historias sin interes... (44)... Continuación... (43)

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Ante él de pronto apareció una luz muy fuerte, que lo cegaba, pero al mismo tiempo dentro de ella podía distinguir sombras; como lineas que se dibujaban y se desdibujaban antes de tomar una forma concreta, que por momentos parecían figuras humanas, por momentos arboles y objetos diversos. Todo era muy confuso aunque algo le oprimía el pecho más y más conforme estas imágenes aparentemente aleatorias aparecían frente a él, esa corazonada que lo atormentó también cuando encontró aquellos dibujos y garabatos, el mismo malestar que le ocasionó el ver a Cicatriz en ese estado tan extraño la mañana anterior, el mismo malestar que recordó haber sentido una vez, cuando de niño, fue al cementerio local y pasó por una tumba sin marcar cuando se alejó de sus padres y se internó un poco entre los arboles que poblaban los alrededores.

De pronto todas las sombras desaparecieron y la luz quedó teñida de rojo, una sombra negra apareció en el mismo centro y se hacía a cada segundo más y más grande; todo el cuarto parecía temblar las cosas en el escritorio se tambaleaban, su silla se agitaba frenéticamente; de pronto pudo observar, como si estuviesen ya cara a cara, la sombra había tomado forma de un caballo negro enorme, musculoso, con la crin como la noche agitándose con el vaivén de la cabeza, los ojos rojos brillantes, como un par de rubíes, se acercaba a él a todo galope; sentía que en cualquier momento lo destrozaría bajo sus patas, podía sentir su respiración; la sombra lo atravesó por completo y el tiempo, el mundo, pareció detenerse.

Cayó sentado sobre el suelo húmedo del bosque, se sentía completamente desconcertado, creía reconocer el lugar y sin embargo no tenía ni idea de donde se encontraba. Se puso de pie tratando de distinguir algo entre la penumbra de la media tarde, a lo lejos logró divisar un resplandor; se dirigió hacia allí, la luz provenía de una gran fogata, rodeada de tres pilares enormes, se quedó helado junto a un árbol mientras observaba la escena que se desarrollaba frente a él, siete hombre vestidos con capas negras se acercaron a la fogata, dos de ellos traían un gran circulo de un metal oscuro, en el había un sol y una luna menguante superpuestos grabados.

Los dos hombres apoyaron el circulo sobre los pilares, con la ayuda de rocas que utilizaron como escaleras, y luego se unieron a los otros que ya había comenzado a entonar lo que parecía ser un canto u oración; podía reconocer todo aquello del sueño que había tenido hacía ya tantos años, excepto que, una mujer apareció por el mismo camino que habían seguido, hacia un instante, aquellos hombres encapuchados, llevaba una capa pero no una capucha; el llanto leve de una niño lo hizo concentrarse aun más en la mujer, ella se había detenido; reparo en que entre sus brazos aquella mujer llevaba un bebé, tenía una expresión de profundo amor levanto su mano derecha y se puso el dedo indice sobre los labios para tratar de apaciguar a la bebé que llevaba entre sus brazos, le sonrió y luego continuó su camino hacia la hoguera.

Uno de los hombres tomó al bebé entre sus brazos y lo levanto sobre una vasija, hecha de piedra, llena de agua que otro sostenía, pudo notar que era una niña; el hombre empezó a pronunciar unas palabras, el tiempo cambió un viento muy fuerte sopló y un estruendo tomó la tierra, sentía como el suelo temblaba bajo sus pies, nueve jinetes ataviados con armaduras, túnicas blancas y escudos aparecieron uno de ellos sostenía un estandarte blanco con un ave dorada bordada; todos desenvainaron sus espadas, los hombres vestidos con túnicas negras se echaron para atrás excepto por los dos que sostenían a la niña y la vasija llena de agua; ene ese momento el viento arrancó de su posición la capucha del hombre que sostenía a la niña, era un hombre viejo con los cabellos y la barba largos y completamente canos, tenía los ojos claros y una expresión de completa tranquilidad aún con lo que estaba sucediendo a su alrededor.

Los caballeros se acercaron a ellos, uno tomó a la niña y otros dos al anciano y al otro hombre solo entonces el anciano cambió su expresión y pronunció palabras alta y claramente: "Tontos, no saben lo que hace, ni lo que provocan". El caballero que lo sostenía le coloco las manos en la espalda y lo obligo a ir contra el árbol más cercano. El viejo dijo entonces, con cierta seriedad pero con un tono que podría llenar de calma hasta a él hombre más desesperado: "Toma a la niña huye, y encuentra a quien pueda terminar lo aquí iniciado sino será demasiado tarde para todos". La mujer tomó impulso y con una decisión como la que solo podría tener una madre tomó a la niña en sus brazos y corrió por el bosque en dirección hacia donde estaba Santiago.

En su huida la mujer se golpeó el brazo con una rama y dejó caer un relicario negro. Cuando se dio cuenta quiso regresar pero para ese entonces uno de los caballeros bajaba a toda prisa en dirección a ella.

De pronto todo quedó oscuro de nuevo; y una luz muy fuerte volvió a brillar frente a Santiago.


Continuara...

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