... O salutaris Hostia...
La última de sus esperanzas se desvaneció de repente, tan fugaz, como la última llama que se extinguía de su vela, y dejaba tras de si solo oscuridad.
... Quae caeli pandis ostium...
Las palabras le atravesaban el oído, se le clavaban en los oídos; nada para el tenía sentido. Solo no encontraba el ligar apropiado, el lugar a donde escaparse. Buscaba por todos lado.
... Bella premunt hostilia...
No encontraba nada, en aquel lugar, en aquella gente que lo rodeaba. Ni en las pinturas que lo rodeaban; ni en la luz del sol que traspasaba los vitrales, en otras ocaciones tan reconfortante, lograba calmarlo. Se sentía de algún modo alejado de todo aquello, solo, más bien incomodo entre todo aquello. Tan ajeno a ese lugar.
... Da robur, fer auxillium...
Desamparado en el todo de aquel mundo; desconectado del todo del mundo. Desconcertado, y hasta culpable por haber perdido, aquello, aquello que se suponía que no debía perder, que desde niño le habían dicho que no debía de perder.
... Uni trinoque Domino...
Aquello que durante tantos años le había obligado a conservar como el más preciado de los tesoros. Es que acaso ya no lo tenía lo había perdido, quedando como un estúpido ante todas esas personas que habían logrado conservarlo; que dirían de él, seguramente lo creerían un desubicado por haber dejado de conservar con recelo aquello.
... Sit sempiterna Gloria...
Sintiendose profundamente desilusionado del mismo escapó de la única forma que pudo de aquel lugar, al único lugar seguro en el que pudo estar. Dentro de sí. Cayo en si mismo. Hace mucho que no lo había hecho; siempre se sentía muy atareado como para permitirse estar con el mismo, a veces sentía que se había perdido así mismo, pero eso no podía ser, es imposible perderse a uno mismo...
... Qui vitam sine termino...
Eso sería morir, y eso no era posible pues el estaba vivo. ¿O estaba muerto?. ¿Cuando había muerto?. Estaba muerto, se había quedado sin él mismo. De pronto cayo en cuenta que nunca se lo había preguntado, nunca se había preguntado nada, o por lo menos no desde que era niño, de hecho nunca se había preguntado nada ni a nadie. Estaba muerto.
... Nobis donet in patria...
La idea no se le hizo nada incomoda o extraña si quiera. Había muerto, y si no, estaba en camino a morir. Entonces nada pareció ser igual. Que sentido tenía para el todo esto, si el propio hombre que estaba ahí lo había dicho hace ya tanto tiempo, el camino es el amor, y el no se amaba, tan poco se amó que se perdió a si mismo. Pero en ese momento algo cambió en él, que importaba ya la muerte, si el mismo se la había proporcionado, era un suicida; nunca se lo había cuestionado, solo vagaba por los caminos y la rutina sin nunca preguntarse nada, sin saber si lo hacía si quiera porque lo que hacía tuviera un sentido concreto. Nunca aprendió a vivir, estaba muerto como las estatuas que lo rodeaban. Y sin embargo sentía que algo dentro de él había cambiado, y sintió el deseo irreprensible de sonreír.
... Amen...
Y nada de lo que lo rodeaba lo pudo volver a ver del mismo modo. Sentía un silencio un vacío en su interior, que no sentía ninguna necesidad por llenar, algo en él había muerto y algo en él había nacido.
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