Había una vez, o quizá ¿tres?; enredado entre las telarañas de la historia y la histeria, un final sin cuento, sin sentido y sin momento. En que quedaran atrapados siete vientos, tormentas, tormentos.
Lejos de ellos y de todos, un hombre yacía en el suelo del claro de un bosque sin viento, sin sueño y sin muerte, bajo un cielo sin estrellas. Yacía ahí sin meta ni sueños, ni muerte; sus-perdido entre la nada y mil momentos y veintiún caminos sin final, sangrando tristezas de su pecho por un agujero que dejase una pequeña pieza de plomo tibia que aun se alojaba en él, esperando, pensando, recordando, esperando.
Extendido allí, lleno de polvo y desasosiego; estaba ahí entre telarañas, entre arboles y oscuras sombras, bajo un suelo nocturno carente de caminos, de estrellas, de historias; histéricos. Dentro suyo se albergaban siete vientos, siete tormentos, que los destrozaban; por no tenerse el uno al otro. Por no tener final, por no tener historia. Histeria se apoderaba de cada uno, de cada una de sus fibras.
Un único suspiro del cielo apareció dulcemente atronador. Suave casi muerto, un pequeñísimo resplandor al final del túnel de "recuerdos" que suspiraban por no haber conocido entre ellos final, pasaje alguno que terminara en azar alguno, ese instante de corte en el que se imprime una sonrisa o una lagrima en el rostro, y queda para siempre editado en nosotros; una memoria vana que vaga entre las alacenas del almacén de la mente y regresa a nosotros en el diván de los sueños rotos que es una palabra cogida verso, prosa o poseída en melodía; una mera imagen instantánea que nos golpea de pronto una tarde plomiza de julio. Un único suspiro del cielo hecho resplandor, titilante, aun se asomaba mientras el recuerdo anidaba en el minuto, el instante perdido de un final que había quedado atrapado entre la histeria de la vida, la historia del tiempo.
Y un fugaz suspiro hizo falta, sincronizado entre el ayer y el actual momento, un suspiro de luz, de alivio, de encuentro entre dos fuerzas antes desconocidas entre ellas.
Y ahí yacían los dos final e historia, vida y muerte. Respirando el último aliento a una sola vez, juntos, felices. Sin metas, sin sueños, sin vientos. Bajo un cielo sin estrellas.
Y es que toda historia necesita un final?
Y dejo aquí algo para acompañar la lectura:
Lejos de ellos y de todos, un hombre yacía en el suelo del claro de un bosque sin viento, sin sueño y sin muerte, bajo un cielo sin estrellas. Yacía ahí sin meta ni sueños, ni muerte; sus-perdido entre la nada y mil momentos y veintiún caminos sin final, sangrando tristezas de su pecho por un agujero que dejase una pequeña pieza de plomo tibia que aun se alojaba en él, esperando, pensando, recordando, esperando.
Extendido allí, lleno de polvo y desasosiego; estaba ahí entre telarañas, entre arboles y oscuras sombras, bajo un suelo nocturno carente de caminos, de estrellas, de historias; histéricos. Dentro suyo se albergaban siete vientos, siete tormentos, que los destrozaban; por no tenerse el uno al otro. Por no tener final, por no tener historia. Histeria se apoderaba de cada uno, de cada una de sus fibras.
Un único suspiro del cielo apareció dulcemente atronador. Suave casi muerto, un pequeñísimo resplandor al final del túnel de "recuerdos" que suspiraban por no haber conocido entre ellos final, pasaje alguno que terminara en azar alguno, ese instante de corte en el que se imprime una sonrisa o una lagrima en el rostro, y queda para siempre editado en nosotros; una memoria vana que vaga entre las alacenas del almacén de la mente y regresa a nosotros en el diván de los sueños rotos que es una palabra cogida verso, prosa o poseída en melodía; una mera imagen instantánea que nos golpea de pronto una tarde plomiza de julio. Un único suspiro del cielo hecho resplandor, titilante, aun se asomaba mientras el recuerdo anidaba en el minuto, el instante perdido de un final que había quedado atrapado entre la histeria de la vida, la historia del tiempo.
Y un fugaz suspiro hizo falta, sincronizado entre el ayer y el actual momento, un suspiro de luz, de alivio, de encuentro entre dos fuerzas antes desconocidas entre ellas.
Y ahí yacían los dos final e historia, vida y muerte. Respirando el último aliento a una sola vez, juntos, felices. Sin metas, sin sueños, sin vientos. Bajo un cielo sin estrellas.
Y es que toda historia necesita un final?
Y dejo aquí algo para acompañar la lectura:
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