Tiró la navaja a sus pies.
- Hazlo - gritó - hazlo entonces.
- Eso es lo que quieres, ¿no? - vociferó - hazlo entonces, termina de una vez que se me agota la paciencia.
- Hazlo - gritó - hazlo entonces.
Dudo un momento y tomó la navaja; sus ojos estaban hinchados e inyectados por el llanto, su rostro se veía extraño casi desfigurado. Miro la navaja por un instante.
- Eso es lo que quieres, ¿no? - vociferó - hazlo entonces, termina de una vez que se me agota la paciencia.
Arrojó la navaja, se le notaba completamente escandalizado por las palabras que le acababan de decir.
- ¡¡No!!, te has vuelto loco, yo no me los merezco, yo merezco vivir - dijo horrorizado.
- Entonces porque me llamas y armas toda esta mascarada - dijo enfurecido - ¡no!, tu no mereces vivir tu mismo lo dijiste, tu no te quieres, y por lo tanto no lo mereces - sus palabras se iban haciendo cada vez más y más fuerte; y su voz se endurecía más en cada frase que decía - en lo que concierne a mi hazlo ahora y quizás en tu próxima vida tengas más suerte. Así que, decide de una buena vez, hazlo o no, pero decide y no nos tengas a nosotros expectantes y preocupados; es qué solo piensas en ti mismo, eres un ser vil y egoísta, hazlo te lo mereces. Eres una simple cucaracha inmunda.
- No lo merezco, no hables así; estas, completamente loco, no tienes piedad.-
- ¿Yo estoy loco? - dijo enfurecido pero en voz baja - ¿fui yo quién armó todo este circo? ¿fui yo el que obligó a sus amigos a verlo destrozado por saben los dioses que estupidez? ¿acaso fui yo? - tomó aire y dio un grito furioso - ¡Responde, ¿fui yo?!
- No. -
- Entonces qué decides - dijo mirándolo como si quisiese clavarle los ojos hasta lo más profundo del alma - dime vives o mueres, o el miedo no te deja decidir. Le tienes más miedo a la vida o a la muerte. - dejó escapar una risa sarcástica, leve - de todas formas tenerle miedo a cualquiera de los dos es temerle a las dos, así que dime. ¡Rápido!. ¿Qué decides?
- Quiero... ¡Quiero vivir!. -
- Eres un imbécil - dijo, mirándolo fríamente - no decides vivir, decides no morir, y por qué, porque tienes miedo, eres un imbécil -
- No, no es así, yo no le tengo miedo a la muerte.-
- Mentiroso, le tienes tanto miedo a la muerte que querías suicidarte, le tienes tanto miedo a la vida que decides seguir vivo. ¡Vamos!, muestra un poco de coraje, hazlo. -
Tomó la navaja de nuevo y la beso, la tomó en alto sobre su cabeza, (¡¡¡¡¡ALTO!!!! - alcanzó a escuchar que le gritaba con una especie de amor y calidez entre la rudeza y hosquedad del grito) en ese momento cayó arrodillado al suelo; lloró y lo invadió una espasmo de risa incontrolable; dejó la navaja a un costado y por primera vez en su vida no le importo nada, ni las miradas que lo veían extrañado, ni el hecho de que estuvo a punto de suicidarse, no importó nada. Levantó la mirada hasta la persona que estaba a su lado, recogiendo y guardando cuidadosamente la navaja; en sus ojos pudo notar una sensación de alivio y amor por la persona que se retorcía de risa en ese momento en el suelo; tenía razón, se había comportado como todo un imbécil, por una estupidez sin sentido que francamente ya no recordaba o le interesaba recordar.
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