Historias sin interés... (35):
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Historias sin interés... (36)
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Historias sin interés... (36)
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Salió de la casa y se aseguró, después de que su fiel amigo hubiese pasado, de sellar bien la "entrada" de su "residencia", como a veces le gustaba llamar a aquella vieja casa. Se dirigió hacia el bosque que se alzaba aún imponente, a pesar de haber sido "domado" por la civilización; pero era imposible domar a la naturaleza y él lo sabía muy bien, pues, el espacio de aquella casa, ya abandonada, estaba siendo reclamado poco a poco por la naturaleza, algunos animales e insectos ya lo habían convertido en sede de su desarrollo; al final siempre era así, la naturaleza es indomable, y él se sentía igual, libre entre las criaturas que habitaban el territorio, ya sea aquellas que vestían los trajes más elegantes y costosos, y que formaban sus nidos en enormes construcciones de concreto y metal, o la más "simple" criatura que se conformaba con habitar la cueva más cercana o el árbol más frondoso que encontrase. Su territorio se extendía desde los gigantes de vidrio, pasando por las enladrilladas fachadas de las casas suburbanas, hasta llegar a los arboles más hermoso y a los más secos también.
Se internó algunos metros en el bosque hasta que logró encontrar una especie de sendero que se abría paso entre los gruesos troncos de los arboles; caminó por el durante algunos minutos hasta que llegó hasta sus oídos el leve sonido del agua que corría, un sonido maravilloso que siempre le deleitaba el alma, en ese momento giró 90 grados hacia la derecha y caminó un poco más hasta que llegó a un pequeño arroyuelo. Le acarició la cabeza a su fiel amigo, lo observó un momento mientras tomaba agua y luego iba y correteaba a una pequeña mariposa que había aparecido por ahí.
Sacó una pequeña pastilla de jabón, inservible para muchos pero suficiente para él, luego se quitó la camisa y las zapatillas, se lavó los brazos, el torso y los pies en el arroyuelo, después se lavó la cara y se aseguro de guardar bien esa pequeñas pastilla, ahora aún más pequeña que al principio, para una próxima vez.
Se acercó al paquete, que contenía la mayor parte de sus pertenencias y constaba de los cartones que usaba para dormir, que había dejado a un metro de donde estaba y tomó de el una botella de plástico bastante deformada y bastante sucia por fuera. Se acercó de nuevo al arroyuelo y llenó la botella hasta el tope con el agua que corría. Llamó a su fiel amigo el cual ahora olía por todas partes y dejaba pequeñas "marcas" para advertir de su presencia a otros canes y animales que por ahí pudiesen pasar. Regresó sobre sus pasos hasta que llego de nuevo a la "civilización", al llegar a la acera un pequeño destello en el suelo le anunció el hallazgo de una moneda, de las de mayor denominación, la tomó y la guardó con sumo cuidado en el bolsillo de los "bermudas".
Cuando alzó la cabeza para continuar su camino, ante él, uno de los espectáculos que la naturaleza suele tener reservados solo para aquellos que tienen y conocen el valor de la paciencia y la observación se llevó a cabo. Una mariposa salía de su capullo, que en ese momento pendía del tallo de una rosa; hasta su fiel compañero se había quedado totalmente quieto y expectante ante el hecho que se desarrollaba ante sus ojos. La belleza y la suerte le inundaron el alma; sentía que, sin importar que sucediera después, ese sería uno de los días más maravillosos que habría de tener en su vida.
Quizá continuará...
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