viernes, 25 de julio de 2014

Historias sin interés... (32)

Muy buenas a todos y para todos; hoy una pequeña historia para concluir la semana y si les gusto pueden seguirme por:
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Y ahora sí, aquí dejo la historia...


Caminaba solo entre la oscuridad de la noche, lo único que se podía oír era el atenuado eco de sus pasos en el asfalto y el susurro apenas perceptible de su respiración. En su mente solo podía pensar en la oscuridad que lo rodeaba, se sentía completamente aplastado por la noche; una mota de polvo en una ventana, así se sentía él, no valía nada, a nadie le importaba nada, simplemente el no valía la pena, ni siquiera para sus padres, quienes nunca la habían prestado ni siquiera un segundo de atención. Y él tampoco valía nada para él.

Las lamparas de las calles empezaron a aparecer frente a él y la oscuridad se fue disipando del mundo real, pero no de sus pensamientos; su corazón se empezaba a acelerar, su respiración se volvía cada vez más superficial y rápida mientras se acercaba a su objetivo.

Camino por una calle suburbial y dobló a la derecha por otra, tomó por un pequeño espació entre las verjas de dos residencias y salió hasta una calle algo oscura, pues un par de lamparas se habían fundido,  se acercó lentamente hasta la puerta que se le ofrecía robusta y ligeramente adornada; lo tenía ya todo planeado, no sabía si era el impulso de la desazón ocasionada por una negativa amorosa o la simple necesidad de sentir que por fin tenía algo de poder, que tenía una capacidad que otros no y que lo hacía valioso de alguna manera, pero lo había planeado cuidadosamente, todos y cada uno de los pasos.

Llamó a la puerta y espero a que ella le abriese con una mano metida en el bolsillo de la sudadera, sin esperar ni un segundo y al primer movimiento de la puerta tomó fuerte entre sus dedos la daga fría y al ver su rostro solo atinó a calentarla con el fluido vital que emanó de su pecho al corte inicial de la hoja y no dejó de repetir la operación una y otra vez hasta que el rostro de aquella desdichada quedó completamente inerte al beso de la muerte.

Lo había hecho por fin lo había hecho y sintió un placer que nunca había sentido antes, el placer de sentir que tenía algo de poder; pero al ver sus manos manchadas en la sangre de aquel amor no correspondido y la vacía expresión de su faz de las tinieblas que poblaban su mente saltó sobre él un pensamiento, un sentimiento, que le estrujaba el alma y la azotaba contra el piso de su miserable mundo interno. Lo "poco" que antes puedo haber valido su vida ya no existía, él ya no valía nada, en su búsqueda se había perdido y ya no merecía ni siquiera respirar.

Quedó devorado por una nueva oscuridad, una más profunda que la que rebosaba en su mente, por la oscuridad de su alma. Tomó de nuevo el cuerpo de quien antes había amado y sin saber que más hacer lloró sobre su pecho y se consumió en llanto hasta que escuchó pasos cerca, corrió lo más rápido que pudo hacía la oscuridad del bosque que rodeaba las casas y corrió sin detenerse. Hasta que lo detuvo la muerte, que halló en forma de barranco.

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