miércoles, 1 de julio de 2015

Études... (4)

Leer: Melancólica y pensativamente

Nubes de tormenta oscurecen el horizonte, viejas conocidas que en noches insomnes trajeron lluvias a mis ojos y extrajeron de mi alma dolores e impotencia. Pero los vientos cambian y el miedo antes conocido ya no existe; mientras oscuros pensamientos se menean en mi mente y el vapor de una taza de té envuelve mis sentidos. Espero. Espero a que las aguas hablen, a darle tiempo al tiempo. Espero.

Esperanza. Esperanza de que solo sean ilusiones, pues aun puedo ver las cicatrices de la última vez, esperanzas de que sean tan solo amagos del destino, jugarretas de la perspectiva y la malicia que engañan a mis sentidos. Que no sea la calma antes de la tormenta. De que el tiempo todavía no vuelva a ponerme a caminar por la plancha, que mis lagrimas no vuelvan a naufragar, aun, en la isla del silencio.

Y espero, aquí sentado, observando el vaivén que se describe en cubierta, sintiendo la brisa que golpea en mi rostro, tratando de no desesperar, pues hoy es hoy; y hoy aun queda tiempo para la calma, para tener fuerzas, para recordar que aun amanece gratis, y que, lo que tenga que pasar, ocurrirá. Que mientras la calma no me abandone estaré preparado.

Nubes de tormenta oscurecen el horizonte, pero esperare tranquilo, aunque en momentos se turben mis pensamientos y se nuble mi mirada. Esperare. 

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