domingo, 26 de julio de 2015

Historias sin interés... (49)

Se levantó, se sentía aun adormecido, la habitación estaba en penumbra; camino descalzo sobre la alfombra y luego sobre el suelo de madera que dejaba sentir un leve sonido en cada pisada. Se paró al lado de la ventana, se desperezó un poco, levantó las persianas para dejar entrar el sol y luego las ventanas. Se quedó ahí un momento, sintiendo como el sol le acariciaba la piel, el rostro, los brazos; de alguna forma sentía que había esperado este momento por mucho tiempo.

No podía o quería alejarse de aquella ventana, no había nada, no esperaba nada, simplemente nada; la hermosa y tan ansiada nada se desplegaba delante y dentro de él. Se balanceó levemente cerrando y abriendo los ojos, cuando una voz dulce se escuchó detrás de él.

- Buenos días -

Se dio la vuelta para verla allí, con una sonrisa hermosa, amplia, a la que estaba tan acostumbrado y por la que se sentía tan profundamente agradecido; su pelo brillaba con leves reflejos de los destellos del sol, sus ojos entrecerrados dejaban ver el fastidio por la luz que daba directamente en ellos y a la vez un profundo amor a la persona que tenía en frente.

- Como todos - contestó, sin poder dejar de sonreír - aunque este día, creo, que quiere ser algo distinto -

- Lo sé - dijo, dejando ver apenas un reflejo de melancolía y tristeza en sus ojos.

Regresó a la cama y la abrazó con fuerza, la soltó, apenas un poco, para besarla. La miró a los ojos tan profundos, tan silenciosos, y vio la nada que también cruzaba por su interior; la eternidad de ese corto momento los hizo sentirse tan felices y plenos.

Bajaron a la cocina y tomaron un rápido desayuno, aunque sin demasiada prisa. Querían disfrutar hasta el último segundo y lo hacían, de verdad. Se cambiaron y salieron en dirección a la parada del bus, solo deteniéndose ocasionalmente para mirarse a los ojos u observar alguna de las pequeñas incidencias de la vida.

Viajaron sin decir una palabra, viendo por la ventana mientras ella se recostaba en su hombro. Bajaron en la parada que quedaba a manzana y media del hospital, hicieron el último trecho hacia el edificio que se levantaba sobre el resto de las edificaciones circundantes, blanco y con muchas ventanas, rodeado siempre de mucho alboroto y personas que iban a toda prisa de un lado a otro; pero eso no les importaba ni les llamaba la atención, caminaron mirando casi siempre las nubes y diciendo apenas un par de palabras cuando se les antojaba que alguna nube tomaba una forma específica.

Salieron un hora y media después, de alguna forma aquello que parecía sonar tan terrible no los había golpeado, no sentían que fuera tan terrible.

- Quiero ir a caminar por el bosque - dijo - quizá al lago -

- Claro tomemos la linea... - se quedó pensando un momento -... 7 -

- Perfecto -

Caminaron hacia la parada del bus que estaba del otro lado de la manzana, cuando llegaron se sentaron a esperar al bus que pasaría en algunos minutos más. Se miraron a los ojos por largo tiempo, ninguno de los dos quería o sentía que fuese necesario decir algo; en los ojos de ambos se reflejaba de nuevo aquella complicidad que durante tantos años había existido, entre las peleas, las risas y el todo de su vida.

Tomaron el bus y volvieron a ver por la ventana como iba cambiando el paisaje, los edificios se iban transformando en casas y entre las casas iban apareciendo cada ves más arboles, hasta que llegaron a la parada que llevaba hacia un sendero que conducía hacia un bosque y después hacia un lago.

Anduvieron por el sendero por un tiempo, luego se desviaron por un lado y llegaron a la entrada de una pequeña cueva , una vez allí el se volteó y la miro a los ojos.

- Gracias - le dijo con voz tranquila aunque levemente apagada - Te amo -

Ella lo miró fijamente un momento y luego lo beso.

- Te amo -

Él cerro los ojos y dejo escapar un leve quejido, ella lo tomó del brazo, él le sonrió, y cayó de rodillas. Ella sintió como sus músculos se relajaban hasta el punto de no poder sostenerlo más, entonces lo ayudó a que se recostara. Sus miradas se cruzaron una vez más, mientras él yacía en el suelo su respiración se torno cada vez más lenta y superficial; a los pocos minutos ya no respiro más. Lo que por tanto tiempo había esperado, el momento para el que, él, tanto había esperado, y de cierto modo había deseado, había llegado. En su rostro se dibujó una sonrisa.

Solo cuando estaba cien por ciento cierta de que ya había expirado y viendo su sonrisa, ella dejo escapar una lágrima, una sola lágrima, pero que le significaba la vida, el dolor, y la felicidad que tanto tiempo habían compartido y se habían ofrecido. Se levantó y dejo escapar un suspiro. Camino de nuevo al sendero y hasta la parada del bus; poco antes de llegar una pequeña mariposa, con alas que asemejaban a una sonrisa, se posó en la corteza de un árbol que estaba delante de ella; no sabía si tenía algo que ver, pero, en ella vio una señal, vio su sonrisa, amplia, y se sintió agradecida.

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