L: Melancolicamente, con amor
Los años encontrados, la expresión; el corazón altivo, por el miedo, por la impiedad de un prejuicio que fue arrojado hacia su mente y que fue tiñendo sus sentidos con un filtro de desesperanza; y la celeridad de una sociedad que no era la suya, la impaciencia de no poder dejarse llevar por las sensaciones, de no poderse guiar con comodidad por el mundo, no poder mover los pies hacia donde el corazón los lleve.
Nostalgia en su mirada, de tantas cosas que se negó por miedo, insatisfacción de no tener lo que se quiere y de no querer lo que se tiene; una lágrima siempre contenida, tras una mascara de dureza, invisible tan solo a mis ojos. Y en la frente las marcas de "lecciones bien aprendidas", ironías de lo que realmente es la vida, farsas de la agonía. Agonía que es en si misma una farsa que otros inventaron, que inventaron para escudarse, que crearon para poder deshacerse de la responsabilidad de ser feliz, de vivir.
Y no callan; ya no beben del manantial del silencio. Y se engaña, poniendo barreras que no existen, poniendo represas a la vida. Y el amor cumple una tarea como la de Sísifo, pues justo antes de liberarle, se encierra de nuevo en sus imposibilidades, se acuesta de nuevo en la comodidad de no estar vivo. Pues mientras encerrado en su pecho arde un fuego fatuo de los deseos y sueños que se echan a perder, mientras la luz de Mama Quilla aun brilla dentro suyo, pugnando por regresarle al Kay Pacha; pensamientos, miedos, filtros de desencanto se adhieren a su sangre y el calor de otro cuerpo, de otra piel que llama y quiere, desea, de nuevo queda perdido.
Y los años, la expresión; los verdaderos deseos, esperanzas, amor, reprimidos. Y los miedos a flor de piel, que no callan que no ceden. Y entonces no hay paz, no existe el verdadero silencio, la tan liberadora nada; el pequeño destello que libera. Y entonces no se encuentra la forma de ir a su lado, entonces todo se trata de miedos y dudas paralizantes, y entonces no hay, no existe, no existimos.
Ahora que Brigit, desde la copa del árbol de la vida, posa su mirada sobre estas palabras; que vivan, que sanen el alma, que devuelvan brillo y fuego a su mirada. Que las luces de la aurora vean a las cenizas dar paso a la vida. Existencia. Y que brote el llanto, la risa, que brote el silencio de la nada. Existencia.
Y los años encontrados, la expresión y su corazón altivo. El miedo. Se disuelva en la aceptación de sus sueños. Que sus pies le guíen, que su cuerpo y sus palabras vayan donde el corazón, y la ilusión, le quieran llevar. Sin prejuicios, sin miedos, solo... amor.
Los años encontrados, la expresión; el corazón altivo, por el miedo, por la impiedad de un prejuicio que fue arrojado hacia su mente y que fue tiñendo sus sentidos con un filtro de desesperanza; y la celeridad de una sociedad que no era la suya, la impaciencia de no poder dejarse llevar por las sensaciones, de no poderse guiar con comodidad por el mundo, no poder mover los pies hacia donde el corazón los lleve.
Nostalgia en su mirada, de tantas cosas que se negó por miedo, insatisfacción de no tener lo que se quiere y de no querer lo que se tiene; una lágrima siempre contenida, tras una mascara de dureza, invisible tan solo a mis ojos. Y en la frente las marcas de "lecciones bien aprendidas", ironías de lo que realmente es la vida, farsas de la agonía. Agonía que es en si misma una farsa que otros inventaron, que inventaron para escudarse, que crearon para poder deshacerse de la responsabilidad de ser feliz, de vivir.
Y no callan; ya no beben del manantial del silencio. Y se engaña, poniendo barreras que no existen, poniendo represas a la vida. Y el amor cumple una tarea como la de Sísifo, pues justo antes de liberarle, se encierra de nuevo en sus imposibilidades, se acuesta de nuevo en la comodidad de no estar vivo. Pues mientras encerrado en su pecho arde un fuego fatuo de los deseos y sueños que se echan a perder, mientras la luz de Mama Quilla aun brilla dentro suyo, pugnando por regresarle al Kay Pacha; pensamientos, miedos, filtros de desencanto se adhieren a su sangre y el calor de otro cuerpo, de otra piel que llama y quiere, desea, de nuevo queda perdido.
Y los años, la expresión; los verdaderos deseos, esperanzas, amor, reprimidos. Y los miedos a flor de piel, que no callan que no ceden. Y entonces no hay paz, no existe el verdadero silencio, la tan liberadora nada; el pequeño destello que libera. Y entonces no se encuentra la forma de ir a su lado, entonces todo se trata de miedos y dudas paralizantes, y entonces no hay, no existe, no existimos.
Ahora que Brigit, desde la copa del árbol de la vida, posa su mirada sobre estas palabras; que vivan, que sanen el alma, que devuelvan brillo y fuego a su mirada. Que las luces de la aurora vean a las cenizas dar paso a la vida. Existencia. Y que brote el llanto, la risa, que brote el silencio de la nada. Existencia.
Y los años encontrados, la expresión y su corazón altivo. El miedo. Se disuelva en la aceptación de sus sueños. Que sus pies le guíen, que su cuerpo y sus palabras vayan donde el corazón, y la ilusión, le quieran llevar. Sin prejuicios, sin miedos, solo... amor.
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